* Los ríos abandonados

El curso implacable del tiempo ha ido desgranándose lenta pero inexorablemente entre aventuras, sueños, esperas y recuerdos; y hoy nos separa de la mañana en la que zarpamos setecientos kilómetros de distancia y casi veinte y cinco días de navegación amazónica.
Delante del catamarán para filmar y contactar a las comunidades ribereñas, navegamos en la pequeña canoa destartalada de la gobernación de Pantoja, desde hace horas. El río es ahora un enorme cauce achocolatado y lleno de islas, canteado a lado y lado por pequeñas comunidades Kichuas, Secoyas y Huitotas, de hermosos techados de shapaje y huiropal. Casi siempre en el centro de la aldea, hay un horrible canchon de cemento pintado de rojo y blanco que sirve de casa comunal o dispensario médico, junto a una alta asta con la bandera rojo y blanco del Perú y un poco más allá, una altísima torre de comunicación decorada hasta el cielo también con los colores rojo y blanco.
Pero hay una inquietante vaciedad en los anchos cauces y en las islas del río, no hay nadie; ningún deslizador, ninguna gabarra, nada que rompa con el espejo del agua que se funde al final del horizonte con el espejo del cielo. Solo muy de vez en cuando, con su línea de flotación a flor de la corriente, una piragua napo runa o una balsa huitota o secoya, llenas de verde, carne de monte, niños, perros y mujeres, avanza rítmicamente al son de los remos, o al paso cansino de pequeños generadores eléctricos transformados en motores fuera de borda, que aquí se les conoce como peque peque. Y todas, balsas y canoas sin excepción alguna, navegan portando una bandera, un pañuelo o un trapo agujereado de color blanco.
Entonces, caemos en cuenta de que el Paro de las cuarenta y siete nacionalidades indígenas amazónicas peruanas, en contra de la ¨ Ley de la Selva ¨ que quiere imponer el gobierno de Alan García; es el que tiene al río y a las comunidades abandonadas. Se trata del segundo paro en contra de un paquete de medidas que García propone, para cumplir con los compromisos adquiridos en el Tratado de ¨ Libre ¨ Comercio firmado con Estados Unidos y el Tratado de Cooperación firmado con Europa a espaldas de la Comunidad Andina de Naciones; y que al decir de los amazónicos, incumple con todos los compromisos asumidos en la campaña electoral, con sus propios electores peruanos.
¨….En Perú, en toda la Amazonía y en especial aquí, en las zonas fronterizas con el Ecuador se ha concesionado todo; el petróleo, la madera, los minerales, sólo quedan por concesionarse el agua y el cielo. Y eso es lo que buscan con la nueva Ley de la Selva….¨. Nos dice el famoso sacerdote norteamericano Jack Maccarty en Santa Clotilde, lugar en el que ha trabajado más de treinta años y en el que ha fundado un gran hospital, el único de toda la región. ¨….Por eso los indígenas protestan y está bien, porque ellos no han visto ningún beneficio de todo esto. Se benefician las empresas, los grandes países, los ricos de Lima, los Ministros del Gobierno, pero nunca los indígenas…¨.
Al escuchar la alusión del misionero, recuerdo el revuelo internacional que se formó cuando uno de los ministros de García fue pillado recibiendo jugosas coimas de una empresa noruega, y ahora miro la realidad de Loreto, una de las zonas más deprimidas y con la naturaleza más devastada del Perú. ¨…Tras la guerra con el Ecuador de 1941…¨, continúa el Padre Jack, ¨…aquí se hizo un programa de fronteras. Se llamó a colonizar éstos territorios, ofreciendo toda clase de ayudas, pero nada les han cumplido…¨.
Otro sacerdote, el capuchino vasco José Miguel Goldaráz nos habló también de la otra cara del desamparo y de lo que llamaron ¨la peruanización ¨ de esta parte de Loreto. ¨..En el Napo quedaron muchísimas familias ecuatorianas: Coquinches, Grefas, Rodas, Gualingas, Apaguenos, que vivían hasta el Curaray. Los de allá tenían parientes acá, y los de acá allá. Mucho tiempo no se pudieron reencontrar por efectos del conflicto, pero aún así había una muy buena relación. Sobre todo porque la miseria es mayor en Perú y muchos de ellos, o sus hijos o nietos, regresaban para trabajar en Ecuador. Pero después de los combates en la Cordillera de El Cóndor, el Chino Fujimori como le dicen allá, lanzó todo un programa para hacer desaparecer de la memoria de los jóvenes el pasado ecuatoriano de la zona, y lo que es más grave, porque lo de la peruanización era inevitable; para dañar las relaciones entre vecinos, entre parientes, entre hermanos…¨. Esta campaña explica la profusión de banderas rojo y blanco y el talante sutilmente agresivo que a veces hemos notado en la gente joven.
Mientras reflexiono en las palabras del padre José Miguel, percibo una extraña, una irreal sensación de calma, ahora el Napo se parece más a un lago soñoliento que a un río. Es la calma que precede a las tormentas. Rápidamente el cielo empieza a pintarse de diferentes tonalidades de grises en la una ribera, mientras en la otra, lejos hacia el occidente, el día se extingue en un plácido atardecer luminoso. De pronto un fogonazo de luz rasga el firmamento, el sol cae abruptamente en el occidente y un viento fresco, poderoso sopla desde el este despertando de su letargo al río. Seguidamente, empieza a gotear fina y luego más gruesamente, y entonces como sólo sucede en la Amazonía, el cielo entero se derrumba sobre el mundo en un instante.
La canoa avanza a ciegas sobre la corriente enervada, Siegmund toma el mando del motor, mientras Neides Apagueno y yo desde la proa tratamos vanamente de penetrar con nuestras linternas la oscuridad de la noche y la furia creciente del viento y de la lluvia. La situación es muy comprometida, no vemos nada y el vendaval empuja a la canoa inclementemente zarandeada por la corriente hacia el centro del río, en donde nos parece advertir un bajo o una isla escarpada. ¨!…Izquierda…, gira a la izquierda…! ¨, grita Neides señalando con la linterna un débil destello de luz que podría ser una casa, aquí todas las casas tienen un desembarcadero tranquilo, y si es verdad podríamos evitar un naufragio seguro.
¨!….Cuidado…!¨ grito entonces yo, advirtiendo entre las sombras una maza oscura que se aproxima. Demasiado tarde, chocamos contra una palizada, la canoa se vira, convulsiona violentamente en un intento de mantenerse a flote, y por suerte percibimos el inconfundible carraspeo del casco hundiéndose en el limo de la orilla. Cuando estaba a punto de exclamar que estábamos a salvo, escucho el grito enojado de Siegmund: ¨¡….Sheise…., Sheise…., mi billetera…!
Más de media hora tuvimos que soportar la tormenta y la lluvia de improperios de Sigi, cubriendo con nuestros ponchos de agua los equipos de filmación, todo el dinero que traíamos encima estaba perdido. Cuando por fin amainan ambos temporales, empieza otra tormenta peor; una lluvia de zancudos. Mientras bajamos las mochilas tratando de no respirar zancudos, pienso que si bien toda conquista territorial es criminal, talvez es más abyecto aún, que un brutal dictador como Fujimori, una vez firmada la paz entre Ecuador y Perú, vuelva a enemistar a sus pueblos.
Alejandro Santillán Magaldi
Río Napo, 29 de Mayo 2009
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