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Ecuador:EL PRESIDENTE PONE MÁS LEÑA FUEGO

08.03.10


Por: Henry Llanes

El Presidente de la República confronta al movimiento indígena de la CONAIE, de la misma manera que confrontó a los sindicatos públicos, a la UNE, a la comunidad universitaria y politécnica, a los gremios empresariales, a los medios de comunicación, al Alcalde de Guayaquil, entre otros.

Realiza cadenas nacionales para distorsionar las propuestas del movimiento indígena, para desprestigiarlos e indisponerlos frente a la comunidad nacional e internacional; los acusa de separatistas y de racistas, y arenga al pueblo ecuatoriano para que se levante en contra de la dirigencia indígena.

“Levantémonos pueblo ecuatoriano, no permitamos que líderes insensatos traten de ser un Estado aparte. No permitamos el separatismo, venga de donde venga…”. El Presidente de la República quiere que en este país haya linchamientos? Qué haya violencia?

El mandatario del país, en vez de concertar una agenda nacional con la participación de todos los sectores sociales, más bien los confronta y los subestima, convirtiéndose en el primer agitador de la confrontación y de la división del país; confronta a unos indígenas en contra de otros, e incumple los mandatos constitucionales “…de fortalecer la unidad nacional en la diversidad, y la de garantizar a los habitantes del Ecuador el derecho a vivir en una cultura de paz, de seguridad integral, democrática y libre de corrupción”.

El Presidente de la República concibe la democracia, la participación ciudadana y política desde la incondicionalidad, la sumisión, el servilismo y la obediencia. No entiende estos procesos desde la diversidad, los derechos, la libertad y la igualdad, sino desde el utilitarismo y del clientelismo político que se sostiene con dádivas y con bonos, que en la práctica significan “pan para hoy y hambre para mañana”.

El clientelismo político, es una vieja práctica política puesta en vigencia por los gobiernos populistas y caudillistas, para movilizar con fines políticos a los sectores sociales pauperizados, pero han sido incapaces de insertarlos a procesos productivos que les permitan cambiar su condición socioeconómica.

Han preferido las dádivas, antes que la inserción productiva, dádivas que provienen del Presupuesto General del Estado, que en lo fundamental se financia con ingresos tributarios, que son producto del trabajo y del emprendimiento de la gente; cuyos recursos públicos los debe administrar el gobierno nacional con honestidad, justicia y equidad, invirtiéndolos en infraestructura, procesos productivos y servicios públicos de calidad.

Los problemas que atraviesan las nacionalidades y los pueblos originarios del Ecuador, son de carácter estructural, como lo son de otros sectores, afrodescendientes, campesinos, montubios y marginales de la ciudad, entre los que se encuentran, los que sobreviven en condiciones lacerantes en los tugurios, en las calles y de la mendicidad. Para solucionar estos problemas se requiere de la unidad nacional y no del egocentrismo arrogante del poder.

En el país, los levantamientos indígenas son de vieja data, los más recientes se produjeron en la última década del siglo XX en los gobiernos de Rodrigo Borja, Sixto Durán Ballén, Bucaram y Mahuad, y el último en el gobierno de Gutiérrez en la primera década del presente siglo. Los gobiernos que actuaron con respeto y sabiduría se sentaron a dialogar y suscribieron acuerdos, y los que no entendieron esos procesos se cayeron como un castillo de naipes.

Los gobiernos de Rodrigo Borja y Sixto Durán Ballén entendieron al movimiento indígena como un actor social muy importante: jamás públicamente los trataron y los insultaron como movimientos sociales separatistas y racistas, ni los confrontaron a unos indígenas en contra de otros, ni los utilizaron ni los manipularon ideológicamente, no montaron cadenas nacionales para desprestigiarlos e indisponerlos frente al país, jamás convocaron a los ecuatorianos para que se levanten en contra de la dirigencia indígena. Por sobre todas las cosas, los respetaron dignamente.

Pero resulta paradójico: los que han aparecido como amigos de los indígenas, de los trabajadores, de los ecologistas, de los estudiantes, etc. Desde el poder se han convertido en sus principales detractores; nunca entendieron la transición del poder gubernamental, en la que hay sembrar buena semilla para cosechar un buen fruto, en beneficio de todos, sin exclusiones.

Mientras el Presidente de la República confronta al movimiento indígena, en Esmeraldas los depredadores del bosque tropical han asesinado a José Antonio Aguilar Tinoco y a su esposa, por el hecho de defender los remanentes de estos árboles. Frente a este crimen y a la tala del bosque tropical, según el criterio de expertos, han arrasado con el 82% de esta especie en esa provincia, pero entre estos hechos inconcebibles, el gobierno nacional hace mutis, y no actúa con la misma vehemencia como lo hace con el contradictor de turno.

En un segundo caso, Milagros Aguirre alerta al país sobre la potencial afectación de la reserva natural del Yasuní y de los pueblos ancestrales, que viven en aislamiento voluntario en esa zona, y en el lugar donde se encuentra ubicado el campo Armadillo.

Los extractivistas del petróleo deben saber (incluido el cara de piedra, frase de Milagros Aguirre), que en caso de ser autores, cómplices o encubridores del exterminio de los pueblos ancestrales, pueden ser objeto de un juicio penal por genocidio, el mismo que no será interpuesto ante la corte que creó la revolución ciudadana, sino ante la Corte Penal Internacional.

Mientras esto ocurre, el gobierno de la revolución ciudadana avanza en sus propósitos de extraer el crudo del la reserva natural Yasuní; ya que la iniciativa de dejarlo en el subsuelo fracasó en el 2009, precisamente, en el momento más oportuno, cuando se empezaron a crear las condiciones políticas con la comunidad internacional para no explotarlo; el resto, lo que haga la Sra. Baky y compañía, será una simple pantomima.

Fuente:Redci

redci.ecuador@gmail.com

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