* La Guerra del YasunÃ

Desde cuando éramos niños nos enseñaban de las Guerras con el Perú, de las Guerras Mundiales y hasta de las guerras de Irak, pero nunca nos hablaron ni nos hablan, de la que seguramente es la guerra más larga, más injusta, más brutal e inhumana de todas las guerras que se han dado en el territorio patrio; la Guerra del YasunÃ.
Se trata de una guerra asimétrica, es decir, de un conflicto que enfrenta el enorme poder de una potencia y sus aliados, en contra de un contendiente comparativamente débil e indefenso. Fue el caso de la Alemania Nazi contra los PaÃses Bajos, el de los Estados Unidos contra Vietnam, Irak ó Afganistán, el de Israel contra los Palestinos, o quizás el ejemplo más actual y cercano es el conflicto de Alvaro Uribe, sus militares y paramilitares asociados con Estados Unidos contra los insurgentes colombianos. En cada uno de esos casos se aprecia la enorme disimilitud, la asimetrÃa de los contendientes, el incalculable poder de unos y la debilidad de los otros; pero muy rara vez esta asimetrÃa podrÃa ser mayor que en la Guerra del YasunÃ. Esta larga guerra que lleva más de un siglo, enfrenta a un pequeño pueblo de menos de dos millares de personas armadas con lanzas primitivas, contra algunas de las compañÃas petroleras más ricas del planeta, el Estado Nacional Ecuatoriano y la potencia más poderosa y con mayor participación y experiencia en guerras asimétricas de la Historia humana; los Estados Unidos.
Como en todos o casi todos los conflictos, los motivos axiales son económicos, y el caso del Yasunà no es una excepción. Bajo su maravilloso ecosistema de bosques inundados y lagunas, que conserva el 44% de todos los anfibios y reptiles de la AmazonÃa, el 10% de las palmeras del planeta, 1800 especies de árboles y más de 2000 de peces; existen reservas probadas de alrededor de 846 millones de barriles de petróleo. Un sustancioso botÃn que las ambiciosas empresas petroleras nunca pudieron olvidar…
También como en cada conflicto, las verdaderas intenciones de los agresores han sido hipócritamente maquilladas en razones altruistas. En la Alemania Nazi fue la pureza racial, en Vietnam la lucha contra el comunismo, en Palestina, Israel realiza un genocidio igual al que los nazis hicieron en su contra por el hogar nacional judÃo. En el YasunÃ, las razones mayormente esgrimidas han sido la salvación de las almas Huaoránis, la civilización de los salvajes o el manido argumento de usar las riquezas del subsuelo en beneficio de todos los ecuatorianos.
Pero las semejanzas de las otras guerras asimétricas con la del Yasunà van más allá. La resistencia de las vÃctimas se fundamenta en el apoyo incondicional de la población con la causa y con la lucha contra el agresor. La causa de la resistencia de los Huaorani era clara, ellos eran un pueblo que no invadió ni ambicionó nada de sus vecinos, lo único que exigÃan y los sobrevivientes aún exigen, era y es vivir de acuerdo a sus costumbres y sus leyes, en lo más recóndito de la selva interfluvial, sin interferencia de nadie. Sin duda es el más elemental de los derechos que un pueblo puede exigir.
El segundo ingrediente de la resistencia, la unidad en la lucha contra el agresor, lo demostraron de manera en la primera etapa de la larga guerra, en la que todos resistÃan lanza en mano a la agresión de los esclavistas caucheros, de las compañÃas petroleras, de los evangélicos, y de los colonizadores. No hay un registro completo de los enfrentamientos, el lugar es remoto y como en el caso de las guerras asimétricas, los agresores en éste caso inicialmente los caucheros, se creÃan y se creen en el total derecho de matar salvajes, asà que no se daban la molestia de informar sobre los asesinatos. Pero las principales batallas sin duda se dieron en los rÃos Cononaco y Curaray, donde se asentaban haciendas caucheras de españoles, ingleses, italianos como Bifarinis, Coox etc. y también de ecuatorianos, peruanos y colombianos. Y asà como en la guerra asimétrica colombiana, los militares y paramilitares destazan a sus vÃctimas con motosierra, para provocar terror; en la del YasunÃ, los colgaban de los pies sobre las trochas y les dejaban morir desangrados, con el mismo objetivo.
Los primeros registros confiables de algunas batallas se dan a fines de la época cauchera e inicios de la petrolera. Antes de 1935 según informa el profesor e investigador Jack Jaramillo, trabajadores de la petrolera Western secuestran a una mujer llamada Dawa, que luego escapa de sus captores, pero regresa con otras mujeres de su grupo atraÃda por el brillo de los huambos, de los collares de las mujeres mestizas. Las descubren y son abaleadas sin piedad, entonces intervienen los guerreros, que matan a varios soldados, aunque también muchos hombres Huo son heridos.
Luego en 1935 más de un nanicabo Huaorani vuelve a atacar en la pista de Sandoval, que la petrolera Western construÃa cerca de Baumeno, en donde destacan dos héroes Huao: Itheco y Nampahui. Desgraciadamente les esperaban, Itheco y otros guerreros mueren en el combate y muchos más son ametrallados desde el aire mientras se retiran. Tres meses más tarde los defensores volverÃan a vengar a sus héroes muertos, pero la compañÃa habÃa dejado abandonadas las pistas de Baumeno y Tivacuno.
El siguiente capÃtulo es uno de los más conocidos de la guerra, cuando misioneros evangélicos del Instituto LingüÃstico de Verano llegan para facilitar el trabajo de las petroleras norteamericanas, y aterrizan pese a las advertencias y son lanceados por los Huaoránis. Curiosamente según la siempre impúdica lógica de las guerras asimétricas, la noticia circula por el mundo y en ella los defensores Huao son tildados de feroces asesinos y los invasores norteamericanos de santos mártires de la fé capitalista. Luego, cuando la CGC y CEPE en la década de 1980 inicia la exploración del YasunÃ, los Huao vuelven a atacar, y están a punto de ser exterminados en ¨ beneficio del paÃs ¨, pero se salvan por la intervención de Monseñor Lavaka, quien muere a su vez por esta causa.
Para entonces los agresores habÃan entendido que en una guerra, en donde los guerreros se mueven como peces en el agua de su pueblo, de acuerdo a una conocida máxima bélica; para eliminarlos, hay que envenenar el agua en la que se mueven. Y ese ha sido el máximo esfuerzo de evangélicos y ¨ trabajadores sociales ¨ de las petroleras, comprar, dividir, corromper la mente de muchos Huao, que ahora a cambio de no fastidiar la explotación petrolera han cambiado también su cultura guerrera por la mendicidad. Y la estrategia ha tenido tanto éxito, que han avanzado en otro paso tÃpico de la contrainsurgencia de las guerras asimétricas, asà como los paramilitares colombianos son usados para asesinar a su propio pueblo; ahora los nanicabos Huaorani cercanos a las empresas, son usados para asesinar a los grupos libres de Tagaéres y Taromenánes.
La guerra del Yasunà está a punto de terminar y los lectores de ésta crónica van a ser testigos de la última batalla. Al epÃlogo del interminable conflicto se han sumado nuevos agresores, la petrolera Perenco que desde el lado peruano del Yasunà se dispone a iniciar la explotación, los madereros y comerciantes de carne y pieles de animales selváticos peruanos que sacan enormes cantidades de esos productos del Yasunà ecuatoriano, y que presionan de manera incontrolable a otros dos nanicabos Huaoránis poco conocidos en el Ecuador; los Taushiris y los llamados ¨ Pata Colorada ¨, de los que dan fe los Arabellas.
El escenario bélico está completo, las fuerzas agresoras están dispuestas en posición de combate, los defensores seguramente aún no son plenamente concientes de que ésta será la última y definitiva batalla, en la que se jugará el destino de su pueblo. Y es trágico decirlo, sobre el escenario de tan brutal contienda, para los grupos Huaorani que resisten ahora sólo hay una tabla de salvación; el Yasunà ecuatoriano libre de la explotación petrolera, que les sirva de postrer refugio.
Alejandro Santillán Magaldi
YasunÃ, 20 de Mayo del 2009
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